“Sound is the fifty percent of the motion picture experience.”
“El sonido corresponde al cincuenta por ciento de la experiencia cinematográfica.”
George Lucas
Hace unos días llego una colega a mi oficina en TVN acompañada de un par de chicos jóvenes (un él y una ella) con cara de urgidos y muy preocupados. Él se presentó y entre él y mi colega me explicaron que estos dos muchachos forman parte de un grupo que está realizando un cortometraje. Cuento corto, los plazos están por vencer, Daniel, encargado del diseño de sonido no tiene su trabajo listo y además las relaciones que él tiene con el resto del equipo no son de las mejores, por lo que mi colega les recomendó que trabajaran conmigo en mi estudio de sonido. Como siempre en estos trabajos el presupuesto no es holgado, pero como a mi me apasiona en demasía el sonido y más que nada el diseño de texturas sonoras, este tipo de proyectos me caen como anillo al dedo. Por eso no me costó mucho decidirme a apoyar a estos chicos y ver cómo podía ayudarlos a salir de este medio “cachito”.
Ese día me dejaron un DVD con la película. Para mi sorpresa era de terror, nada original, con elementos fotográficos de películas a lo Sexto Sentido, El Aro o Agua Turbia.
Lo que hace interesante a esta historia es que está basada en una leyenda urbana chilena acerca de un niño que fue encerrado por su madre en un edificio antiguo. El pequeño murió de hambre. Y su fotografía es reconocida en todos lados como fuente de mala suerte o malos augurios. Aunque me declaro no supersticioso, voy a omitir la publicación de la mencionada imagen. Uno nunca sabe…
En estas películas la fotografía es bastante simple, nada efectista. Los efectos digitales son escasos, y cuando los hay son puntuales. En muchos aspectos el impacto visual esta generado por movimientos de cámara rápidos o acelerados, sucesiones frenéticas de cuadros, rompiendo con imágenes estáticas congeladas por unos milisegundos. Por eso muchas veces lo que hace que todo tenga movimiento y coherencia es el sonido. Las atmósferas creadas, la sumatoria de elementos como vientos, susurros y temblores hacen que todo vaya adquiriendo un sentido que la imagen por si sola no sería capaz de lograr.
Es aquí donde el denominado diseño de sonido entra a jugar un rol mucho más ligado al guión, algo relacionado a lo subjetivo, al background histórico, que tiene que ver con la interpretación de las cosas que suceden o sucederán durante la película. Es interesante darse cuenta de cómo un conjunto de susurros distorsionados con distintos procesos (cómo reverberación, cambios abruptos de posición en el espacio, procesos digitales basados en fractales, etc.) pueden convertirse en un verdadero personaje dentro de la historia, representando al “espíritu malvado” que atormentará al o a la protagonista. Lo curioso es que muchas veces este personaje sólo es sugerido por el sonido y su imagen no existe y no aparece durante todo el filme. Este ejemplo tiene muchos otros compañeros y daría para una verdadera clase magistral de diseño de sonido para películas de terror y ese no es el objetivo de este post.
El objetivo de este post es distinto. Es para reafirmar lo que ha venido ocurriendo desde que decidí abandonar mi trabajo anterior. Con el riesgo de rayar en lo monotemático, es increíble contar con tiempo para embarcarse en este tipo de aventuras. Donde la satisfacción no viene de la mano del dinero sino con el desarrollo de ideas. De conectarse con algo (aunque racionalmente lo consideremos menor), de dejarse llevar por el puro, simple y muchas veces minimizado: placer.
Para este corto en particular me documenté leyendo primero el guión, luego estudiando un poco acerca del cine de terror clásico, un poco de gore también, revisando en mi videoteca algunas películas clásicas como El Exorcista y La Profecía y algunas más actuales cómo Sexto Sentido y El Aro. En particular El Exorcista es una verdadera joya del diseño de sonido. El timbre es antiquísimo, suena tremendamente mal (aún la versión remasterizada), pero el juego de tensión que hacen con los “ruidos” es increíble. Supera a la musicalización en sobremanera. Los cortes abruptos entre escena dejan casi sin respiración. Algo similar ocurre en La Profecía. Aunque los coros no son necesariamente de mi gusto.
De por esos lados recogí inspiración. Lo que he hecho hasta ahora, junto con el director de sonido, es utilizar las herramientas más sofisticadas que existen hoy para renovar un poco todas las ideas anteriores, los timbres son espectaculares y hay momentos en que realmente el alma queda colgando de un hilo.
Como todo no puede ser perfecto, hay ciertas cosas que me tienen medio clavado. Una, y la principal espina, es el sonido directo (la toma de sonido en la grabación). ¡Suena horrible! Da la sensación de que grabaron todo con el micrófono de la cámara. Muy poco profesional. Eso hace que la inteligibilidad sea prácticamente nula, lo que dificulta la mezcla con los elementos adicionales que estamos agregando. Por eso he tenido que llegar a “ensuciar” la mezcla para que los sonidos artificiales que he agregado no suenen “tan bien” y así no contraste con la mala calidad del sonido original.
Otra cosa que me molestó mucho es que la edición de imagen la han cambiado varias veces y la primera copia que me pasaron para trabajar ha cambiado. Han agregado tomas que antes no estaban y, lo que es peor, han re-ordenado varias escenas. Eso hace que muchas horas de trabajo terminen en el tacho de la basura y, mucho peor que eso, desmotivan considerablemente. También habla muy mal del director del corto (quién ni siquiera se ha hecho presente) ya que deja en evidencia la poca claridad que tiene para contar su historia. En fin.
En todo caso, por mi parte estoy feliz, ya que desde hacía tiempo que tenía ganas de hacer algo distinto. Además me gusta el resultado que se está obteniendo. El director de sonido es embaladísimo y dentro de sus conocimientos de sonido es muy creativo. Otro además. También hay alguien por ahí que quiere escuchar este trabajo ya que puede salir algo interesante para mas adelante (pero mejor no hablar nada de aquello, para que resulte. Dijo el no supersticioso).
Que más decir. Que es bonito darse cuenta de que cuando uno ama lo que hace se logran resultados interesantes. Que es posible alcanzar el goce. Es el placer ligado a la satisfacción de saber que uno es el “creador” de ciertos elementos, que sumados a las creaciones de otros, en ese amalgama de componentes que conforman una película, provocarán en los futuros espectadores reacciones tan potentes como hacerlos saltar del asiento o que espontáneamente broten las lágrimas.
¿No es eso bonito?
